¿A quién le importa el suicido demográfico? por A. Macarrón

 

La próxima vez que tenga el placer de encontrarme con el presidente y alma máter de la Fundación Valores y Sociedad, D. Jaime Mayor Oreja, que fue europarlamentario entre 2004 y 2014, le preguntaré si recuerda cuántas veces, en las legislaturas en la que él representó a España en Estrasburgo, se dedicó una sesión parlamentaria, se discutió una directiva o se presentó alguna iniciativa parlamentaria, en relación al suicidio demográfico europeo, que en conjunto es solo un poco menos rápido e intenso que el español, pero no mucho menos. Me temo que su respuesta será como la del chiste: “no estoy seguro de si una o ninguna”. Y en la actual legislatura del parlamento europeo, que yo sepa, tres cuartos de la mismo: nula o casi nula preocupación por el colosal y persistente déficit de nacimientos europeo, que nos aboca a una Europa decadente y empobrecida, a una Europa cada vez más impotente e irrelevante en el mundo. ¡Grave problema de valores el de una Europa que no da importancia a problemas tan graves como éste!

Eurostat acaba de publicar estadísticas de crecimiento natural de población (nacimientos menos muertes) relativas a 2017. Exceptuando los años de las guerras mundiales, y los de las grandes epidemias (pandemia de gripe de 1918, las grandes pestes) o hambrunas, tal vez sea el peor balance vital de la Historia en los territorios de lo que ahora es la Unión Europea a 28 (aún con el Reino Unido dentro), con 204.000 muertes más que nacimientos. Y si descontásemos del cómputo la aportación en bebés y fallecidos de los inmigrantes de fuera de la UE, el balance sería mucho más negativo. A falta de datos de nacimientos de madres de fuera de la UE y de muertes de extraeuropeos en 2017, y combinando los números conocidos de 2016 y 2017, estimamos en no menos de 773.000 ese desfase, en números rojos. Es decir, que en 2017 la UE a 28 perdió a casi 800.000 de sus ciudadanos autóctonos. Y la tendencia a la baja, al empeoramiento, es clarísima, como se aprecia en la siguiente gráfica:

 

En contraste, cuando yo nací, en 1960, en los países que conforman la actual Unión Europea a 28, los nacimientos fueron casi un 50% más que ahora, y casi un 70% más en el caso de los europeos autóctonos. Ese año hubo 3,4 millones más nacimientos que defunciones en lo que ahora llamamos Unión Europea. Y todo ello en una Europa con 20% menos población que ahora. Era aquella una Europa vibrante de vida, que prosperaba, que iba hacia arriba. La actual Europa es aún bastante próspera, pero su población es mucho más añosa, y tiende a decrecer. Cuando en una sociedad humana se dejan de tener niños, a la larga, todo tiende a decaer.

Los efectos del suicidio demográfico de un país, o de todo un continente como en el caso europeo, por una fecundidad inferior a la de reemplazo (2,1 hijos por mujer en naciones desarrolladas, sin apenas mortalidad infantil y juvenil), empiezan a notarse por la reducción progresiva de la población infantil y juvenil, ya que cada año tiende a haber menos nacimientos. La gráfica siguiente muestra cómo mermaría en el futuro la población de adultos jóvenes autóctonos (la gente de 18 a 35 – 40 años), en números redondos, con las tasas de fecundidad que ha habido desde principios de siglo, en la UE, España y Asturias. Con algunas décadas de retraso, el conjunto de la población menguaría a ritmo parecido. Se ha incluido a Asturias en esta ilustración por ser la región de España y de toda Europa con el menor número de hijos por mujer. Y pese al terrible mensaje que transmite esa gráfica, que no es una mera conjetura, sino una cuasi certeza de lo que ocurriría si la fecundidad siguiera siendo como la actual, y no hubiera flujos migratorios exteriores ni positivos ni negativos, apenas se da importancia a este preocupante asunto en los parlamentos europeo, español o asturiano. ¿Tan poco importa que el balance humano entre nacimientos y muertes sea tan insatisfactorio, y que la sociedad envejezca tanto por falta de jóvenes? Si nos fijamos en qué porcentaje del tiempo y las energías de los parlamentarios se le ha dedicado, la respuesta es un sí rotundo: importa poquísimo.

En breve habrá nuevas elecciones al Parlamento Europeo, autonómicas y municipales, en una Europa y una España ya bastante envejecidas, con tendencia a estarlo mucho más, y a menguar en población. ¿Se hablará poco o mucho en campaña de este grave asunto? ¿Y en los parlamentos y consistorios que salgan de las urnas? Hasta ahora, el suicidio demográfico de España y Europa no ha importado casi nada a casi nadie. Así nos va, con un deterioro constante de la salud demográfica del viejo continente que, ahora literalmente, por la senectud creciente de más y más de sus paisanos, hace honor a lo de “viejo”. Y aún peor en el caso de España. ¿Cuándo reaccionaremos? ¿Demasiado tarde? En todo caso, si a Vd., querido lector de este artículo, sí le importa el suicidio demográfico europeo y español, por favor, ayúdenos a los pocos que, hasta ahora, nos dedicamos a tratar de que no vaya más, sino a menos, como la Fundación Renacimiento Demográfico.

Hacer algo ante este tremendo problema social no está solo al alcance de los gobiernos y los políticos, ni solo en ellos debemos descargar la responsabilidad de que Europa y España vuelvan a ser sociedades humanamente sostenibles a la larga. A quien le duela que Europa y España decaigan y puedan incluso acabar despareciendo por falta de nacimientos, por favor, que ayude económicamente, o como mejor pueda, bien a nuestra fundación o a otras organizaciones cuyo fin sea luchar para evitar tan lúgubre destino colectivo. O que actúe por libre. Como sea. Todos podemos poner nuestro granito de arena. Lo que moralmente no vale es quedarse cruzados de brazos, pudiendo hacer algo para evitar los males sociales que nos aguardan, inexorablemente, si cada año tienden a nacer menos niños que el anterior.* * * * *

Autor: Alejandro Macarrón Larumbe
Ingeniero y consultor empresarial
Director de la Fundación Renacimiento Demográfico
Autor de los libros “Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo” y “El suicidio demográfico de España”

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2018-11-16T11:53:49+00:00 0 Comments