En el libro “El descarte del aborto”, el Obispo de San Sebastián, Monseñor Munilla, relata como la Madre Teresa de Calcuta hizo un fortísimo alegato en contra del aborto en 1979, cuando recogió el premio Nobel de la Paz: “Estamos hablando de la paz… El mayor destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma”. A pesar de que, para algunos, estas palabras puedan resultar inadecuadas o inoportunas, no puedo por menos que aplaudirlas y compartirlas. Y quizá aún más desde “mi contexto social vasco”, que me ha hecho ser “más sensible” en la defensa de la vida y en el amparo a los más débiles.

En el País Vasco asimilamos pronto el incalculable valor de la vida humana, aprendimos con el terrorismo lo injusto, intolerable e indecente que es que un ser humano decida arrebatar la vida a otro, que actúe como un “deus ex máquina” sentenciando quién vive y quién muere, que se otorgue la potestad de disponer de la vida de los demás. Durante 50 años hemos vivido sometidos al terror de una banda terrorista que ha asesinado a casi 900 personas, generando una sociedad enferma de miedo, cobardía y doble moral. Debe de ser ese mismo miedo y esa misma cobardía los que nos hacen estar callados antes los más de 3.500 abortos que se producen al año en el País Vaco.  Silentes ante el aborto, pero preocupados por los asesinos. Bonito comportamiento.

¿Cómo puede una sociedad como la mía, la sociedad vasca, liderada por sus políticos, pasarse el día hablando de proceso de paz, de reconciliación, de artesanos de la paz, cuando son absolutamente insensibles hacia los más indefensos de nuestra sociedad, los nonatos? ¿Cómo pueden mostrar tanta sensibilidad, piedad y sentimiento a la hora de reintegrar en la sociedad a quienes han formado parte de una banda terrorista o han colaborado con ella, a quienes han matado, herido, extorsionado o amenazado y tan poca empatía, solidaridad, en definitiva, tan poca humanidad, con esos seres tan indefensos que necesitan del cordón umbilical de su madre para poder sobrevivir? Sinceramente me parece de una profunda hipocresía e inmoralidad, un doble rasero intolerable.

En el País Vasco algunos argumentábamos que la defensa de la Libertad era algo pre político, y que no era ni de derechas ni de izquierdas. Creo firmemente que la defensa de la vida y de su dignidad son también valores pre políticos y que, por ello, todas las sensibilidades deberían estar llamadas a tutelar la vida del no nacido y, además, sentirse orgullosas de hacerlo.

He aprendido que hay que ser “radicales” en la defensa de la vida y en la solidaridad con los indefensos, con los que más sufren. Durante mi vida política, mi objetivo fue siempre la defensa de las víctimas del terrorismo, la exigencia de la memoria, verdad y justicia, el amparo del más débil y, sobre todo, la defensa de la vida frente a la brutalidad del terrorismo. Brutalidad basada en las mentiras, las mismas que se utilizan para argumentar en contra del derecho a la vida del nonato.

Pero quiero decir algo más, porque si el aborto es en sí mismo un crimen infame que mata un millón de niños cada año en Europa, sirve además de punta de lanza a una estrategia de erradicación de la cultura cristiana sobre la que se construyó la sociedad occidental, para instalar otra puramente relativista que pretende destruir pieza por pieza todos los cimientos de aquélla.

Piensen en los estragos que la ideología de género está causando en el matrimonio, la familia y la educación, o en la degradación moral que produce en la conciencia de la persona la sustitución de la idea de obligación por falsos derechos o de la verdad por la mentira, y comprenderán fácilmente el perverso alcance de esa estrategia.

Y todo ello impulsado por ese conglomerado de intereses económicos, políticos y mediáticos que se conoce como Nuevo Orden Mundial, del que hablaremos otro día.

Por eso me siento honrada de haber sido invitada a participar el 26 y 27 de mayo en el 2º Foro Europeo por la Vida organizado por la Federación One of Us.  Frente al debate económico y financiero, en Budapest pondremos el “dedo en la llaga” al hablar, por ejemplo, de la defensa de la familia como la mejor manera de defender la vida; centraremos el debate en las nefastas consecuencias del relativismo que están llevándonos a perder de vista lo importante para fijarnos en lo superfluo o superficial. Hoy lo complicado es ir contracorriente, luchar contra el relativismo. Vivimos hoy buscando lo cómodo, lo fácil, lo material, lo que me interesa a mí ahora (como el aborto o la eutanasia), lo que no requiere esfuerzo ni físico ni intelectual. Es lo que se denomina el pensamiento débil o pensamiento líquido de Bauman.

Para mí es un orgullo estar en Budapest, en Hungría, marcando el camino que -estoy segura- con el tiempo, seguirán otros países europeos, porque este debate lo tenemos que ganar. La injusticia, la inmoralidad y el egoísmo no pueden triunfar. La defensa del no nacido, del ser humano, del ser más indefenso será un logro de las sociedades avanzadas, cultas y, sobre todo, sensibles y respetuosas con la vida.