Dejemos de comentar por un momento las debilidades e incumplimientos programáticos del Partido Popular que exigirán en su momento una profunda renovación de sus estructuras internas y centrémonos en analizara la azarosa situación que atraviesa el que continua siendo por el momento el principal referente del centro-izquierda en nuestro país, esto es, el Partido Socialista Obrero Español.

La importancia de lo que acontezca en el PSOE deriva de la necesidad que tiene España de contar con un partido en la izquierda que permanezca leal a la Constitución y defienda sin fisuras la unidad nacional. Numerosas declaraciones de su actual líder y de algunos de sus más ilustres colaboradores no dejan claro en ningún momento qué pretender hacer y a donde se dirigen con sus ambivalentes pronunciamientos y tomas de posición.

Por un lado, manifiestan que su gran propósito político consiste en desalojar a Rajoy y al PP del poder sin que expliquen cómo y con quién pretenden contar para ello. Los números, en este sentido, son tercos y solo una moción de censura respaldada por los tres grandes partidos- PSOE, PODEMOS y CIUDADANOS- conseguiría tal logro, pero hoy por hoy se nos antoja inviable dicha operación por la rotunda negativa de Ciudadanos para concluir un pacto de ese calibre con PODEMOS. La otra posibilidad que ha sido ya bautizada popularmente como la llamada Operación Frankestein, esto es, el pacto con los podemitas y todos los partidos nacionalistas incluidos los separatistas sí daría para una potencial mayoría pero ¿a qué precio?  y eso sin contar que ese pacto no llegara a fracturar al propio PSOE haciendo finalmente la operación imposible.

Pedro Sánchez pues, amenaza, lanza salvas y disparos al aire, pero sin efecto práctico alguno, al menos a corto plazo.

Sobre el otro gran tema que tiene a España en justificada preocupación en estos momentos, esto es, la rebelión que protagoniza la Generalidad de Cataluña, Sánchez se contenta con proclamar la necesidad de instrumentar una negociación con las fuerzas rebeldes ofreciendo la cacareada fórmula del Estado Federal a la que se añade la guinda del carácter plurinacional del mismo. Nadie sabe muy bien lo que ello representa y a dónde nos lleva, pero sí se puede afirmar sin lugar a dudas que ningún sector nacionalista ha manifestado el menor interés y entusiasmo por tal ofrecimiento que, lejos de resolver el problema que tenemos planteado, añade más confusión para un inmediato futuro. Los independentistas parecen haber apostado por la independencia- por las buenas o por las malas- y consideran la propuesta socialista, como dirían los taurinos, una simple “larga cambiada“.

Así el PSOE se ha convertido en un partido que practica una retórica confusa y ambivalente dejando a España en vilo, a la espera de una clarificación futura y definitiva de su proyecto político. El federalismo plurinacional que proclama en estos momentos supone en realidad una aventura sin sentido alguno que no agrada a quienes pretende cortejar y disgusta por el contrario a la inmensa mayoría del país.

España podría, en efecto, permitirse el lujo de prescindir de un partido como Ciudadanos y naturalmente del propio Podemos pero la existencia del PSOE se me antoja vital para el mantenimiento de la España constitucional y la estabilidad política de nuestro país. De ahí que estemos viendo la actual evolución del PSOE y las andanzas de su nueva dirección con lógica inquietud y preocupación.

El sistema político que alumbró en su día la Constitución aconseja, a mi juicio, la existencia de dos grandes fuerzas políticas complementarias, no necesariamente antagónicas, que tengan capacidad real de alternancia en el poder, aunque a veces se precise del apoyo de algún o algunos grupos minoritarios que desde luego no pretendan la demolición del propio sistema.

Y por un momento vuelvo al principio. Por mala y penosa que sea la situación del PP, considero que se trata de algo pasajero y perfectamente solucionable, pues hace referencia al desgaste sufrido por sus cuadros directivos con motivo de los distintos casos de corrupción que han desgastado al partido de manera fulgurante. Bastaría un cambio de caras en la cúpula para que el PP pudiera comenzar el camino de su necesaria reestructuración que naturalmente debería conllevar asimismo un afianzamiento de su propio ideario. La crisis que atraviesa, sin embargo, el Partido Socialista es más de fondo porque parece haber perdido el rumbo y lucha, como una buena parte de sus partidos hermanos en la Unión Europea, por encontrar su papel en la izquierda y definir sus verdaderos propósitos en un mundo globalizado y en acelerado cambio.

En otros tiempos, España contó con un Partido Socialista centrado y responsable que cumplió con corrección su cometido y por ello nuestro país funcionó satisfactoriamente. Hoy no podríamos asegurar qué nos deparará el rumbo tomado por el actual PSOE. Podríamos decir por tanto que España se encuentra a la espera del verdadero PSOE que sea capaz de estabilizar definitivamente la política nacional.

Ignacio Camuñas