• Qué podemos y debemos hacer por nuestro país.

Observando la desaparición de valores en nuestra sociedad y la desvaloración del mundo en el momento actual, nuestro pensamiento marca el cuadro de una época, y elabora un análisis ante el verdadero conocimiento.

Lo enunció muy bien Goethe: “el tema lo ve cualquiera, el contenido lo encuentra solo el que está llamado a hacer algo con él”. Estamos inmersos en una escasez de autoridad, sobriedad y otras virtudes. Se ha convertido en recto modo de proceder la falta de interés respecto a la conformidad de las normas del bien y del mal.

Hay en derredor nuestro un incesante y progresivo derrumbamiento de los valores. La vida política despierta a los españoles una dosis de repulsión. Sobre los asuntos graves se evita la claridad. Se hacen reservas sobre el aborto, que es algo tan grave como el restablecimiento de la esclavitud o la tortura judicial.

Se proclama tenuemente la unidad de España y los derechos de los españoles a su lengua común, pero se oculta púdicamente lo que se hace en contra y se colabora con los que son responsables de ello.

Sería razonable que grupos políticos que no ejercen el poder y están descontentos con la actual situación propusieran algo más atractivo. Habría que enumerar todo lo que perjudica gravemente al país y lo que se puede ofrecer en su lugar. Ocasiona un gran daño a la unidad nacional, la mentira. La mentira es uno de los mayores males de la humanidad. La mentira es la maldad más importante en las personas. ¿Junto a qué? junto a la falta de amor.

La verdad es un valor en las relaciones humanas. Estamos necesitados de buscar la verdad.Nuestro mundo carece de autoridad intelectual y moral. Gran parte de las personas de la sociedad actual viven contra la verdad. Una revolución posible consistiría en la eliminación formal de la mentira. Hay que decir la verdad, la de nuestras creencias y la de nosotros mismos.

Se ejerce una profunda influencia sobre los incrédulos si observan que decimos la verdad acerca de lo conocido y de lo que sabemos verdadero. Pero hay que evitar también con cuidado, presentar como verdades lo que es a lo sumo verosímil. Es una realidad observar que vivimos necesitados de verdad.

Si decimos la verdad, demostramos que somos personas en las que se puede confiar. No saldremos del enflaquecimiento moral en que se encuentra esta sociedad de comienzos del siglo XXI, si no encontramos ciertas verdades para la vida. Pero para encontrar esas verdades tenemos que buscarlas. No hemos de ocultar los motivos de duda, las incertidumbres, las dificultades, las contradicciones, nuestros errores y todo lo que es la suerte de la persona.

Es indudable que la mentira invierte la verdad y que existen gentes que procuran que las cosas no se logren haciendo un uso metódico de la mentira. Se debe mantener la verdad de un modo inexorable. Sin verdad no hay libertad y sin libertad no puede haber vida humana.

  • ¿Qué podemos y debemos hacer por nuestro país? Hay que salvar lo español.

Habría que concentrarse en el Quijote y reflexionar sobre la magna pregunta: Dios mío ¿Qué es España? Ortega sospechó que debido a causas desconocidas la morada íntima de los españoles hace mucho tiempo que fue tomada por el odio.

El odio es un afecto que conduce a la aniquilación de los valores instalando en nuestra intimidad un fiero resorte de acero que impide la fusión, siquiera transitoria, de la cosa con nuestro espíritu. El antídoto contra el odio es el amor. Ante ello, el afecto que deberíamos practicar los españoles es el “amor intellectualis”: un amor hacia la cultura.

Una búsqueda en nuestras vidas, para encontrar una fórmula, que sin perder su carácter concreto queda asociada a una interpretación expresada con esencialidad que la hace totalmente aprehensible. El amor al estudio y el discernimiento del pensamiento, junto a la Literatura, iluminan el entendimiento. La imaginación literaria es una fuente inapreciable de conocimientos y sobre todo de accesibilidad a lo que es la razón.

Hemos de realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático, con el propósito de aumentar nuestra erudición sobre determinadas disciplinas.

Sería primordial colocar esas materias de todo orden en las generaciones que nos remplazan. Materias que la ciencia ha colocado al alcance de nuestras manos y acomodarlas en postura tal, que den fuerza e iluminen a innumerables náufragos con destellos de verdadera curiosidad intelectual.

ES IMPRESCINDIBLE PRESTAR ATENCIÓN PREDOMINANTE A LA EDUCACIÓN Y A LAS TEORIAS DE LA RAZÓN.

La razón no se puede confundir con la mera inteligencia. La razón no es instantánea, no consiste en la simple intelección de algo que está presente. Requiere el descubrimiento de modos de conexión y fundamentación. La razón la tenemos que encontrar en todas las manifestaciones normales de la vida. dentro de un alma abierta y noble, existe un sentimiento de posible perfección.

Nuestra vida es posible únicamente, mediante la comprensión de los nexos vitales. El pasado y el futuro son condición de ellos y por eso la razón es esencialmente narración, uno de los mayores descubrimientos de Ortega.

Para salvar lo español: Hay que pensar.

El pensamiento detenida y pausadamente hace a las personas, más ricas y más prosperas. Aumenta la sustancia de los elementos que componen la mente. Los seres humanos somos seres pensantes. Tenemos necesidad de conocer para pensar más allá de los límites del conocimiento. La gran fuerza de la sociedad es confiar en la inteligencia que ha de funcionar involucrándose en dar razón a las cosas.

La gran potencia de la ciudadanía ha de ser, fiarse del talante y la actitud de personas brillantes ante el modo de solucionar los problemas actuales y la consiguiente discusión de los diversos puntos de vista. Personas que poseen una experiencia personal en el pleno sentido del vocablo. Experiencia que llega al hombre por su convivencia con los demás, sea bajo la forma precisa de experiencia de otros, sea bajo la forma del precipitado gris de experiencia impersonal, integrada por los usos de las personas de su entorno. Algo así como la existencia de un campo visual, dentro del cual son posibles diversas perspectivas.

La autoridad intelectual no se restaura desde las soluciones previas, es decir desde la ficción. La autoridad intelectual solo puede restablecerse desde la acción de resolver los problemas, que es lo que actualmente necesita nuestra sociedad. La persona construye su vida con los otros seres y con las cosas. No somos creadores de nuestras vidas pero si autores de ellas. La persona elige. La elección consiste en decidir quién vamos a ser, quien se va a ser, siempre.

Sería muy conveniente:

Expulsar de nuestros ánimos, todo hábito de odiosidad. Principalmente a través de los medios. Los medios son los que han de colaborar de forma profunda a salvar el aniquilamiento progresivo de la unidad de España. Los medios pueden y deben, relatar sucedidos gloriosos y noticias sobre el bien o acerca del amor.  El amor nunca podrá morir.

Un comportamiento bueno del ser humano es el aposento en el que se puede apoyar el otro, que no es otra cosa que un paraíso con sus deleites.

Conchita García Polledo