bandera EspañaDespués de los 40 años transcurridos desde el comienzo de la Transición podemos afirmar, sin dramatismo ni exageración alguna, que España vaga, en estos momentos, sin rumbo cierto a merced de los acontecimientos de cada día, en definitiva, sin un proyecto claro y definido como Nación.

Si algo caracterizó a aquella etapa fue, precisamente, lo contrario. Por encima de las innumerables vicisitudes que fueron sucediéndose a lo largo del tiempo, conviene subrayar que en aquella coyuntura histórica el conjunto de los españoles alcanzó un acuerdo muy claro sobre tres grandes objetivos. Partidos políticos, fuerzas económicas y sociales y estamentos culturales e intelectuales compartieron una misma meta: era necesario mirar al futuro sin desdeñar el pasado pero teniendo muy presente la necesidad de una definitiva reconciliación nacional que superara la España de vencedores y vencidos. Unánimemente, con las mínimas excepciones de rigor, el pueblo español ansiaba una salida democrática para nuestro país después de la dictadura que nos abriera paso, definitivamente, a nuestra plena participación en la Comunidad Europea.

Reconciliación nacional, democracia y Europa constituyeron, pues, los tres grandes objetivos y aspiraciones sobre los que pudo asentarse el tan ansiado consenso. Ese fue, en aquellos momentos, el gran proyecto nacional que impulsó un proceso de modernización política y económica en nuestro país desconocido en mucho tiempo.

Hoy, con inmensa tristeza, debemos reconocer que en el tiempo transcurrido ese gran proyecto nacional se ha deteriorado de tal forma que se ha vuelto prácticamente irreconocible.

Padres-de-la-ConstitucionLa llamada Ley de la Memoria Histórica ha supuesto el pistoletazo de salida para la apertura de un proceso revisionista que ha vuelto a dividir a los españoles en torno a unos hechos que las nuevas generaciones no han protagonizado y que, en el fondo, no supone ventaja alguna para encarar los inmensos retos que el presente y el futuro nos imponen. En plena era de desarrollo de la globalización ¿qué sentido tiene volver la vista atrás para reiterar acontecimientos y desencuentros que se produjeron hace más de 80 años sino es para intentar sembrar odio y división entre los españoles al servicio de ningún propósito?. En realidad, sí encerraba un propósito demoledor pues se trataba de demonizar y señalar insistentemente a la derecha actual como enemiga, en el fondo, de la libertad y la democracia atribuyéndose la izquierda el mérito en la lucha por la justicia y el progreso. Y lo peor de todo ello es que la derecha en España camina desde hace un tiempo deambulando carente de planteamiento ideológico alguno para hacer frente a tanto dislate y embuste histórico.

Esa Memoria Histórica es también la que está dificultando con demasiada frecuencia el necesario diálogo y concertación entre las distintas fuerzas del arco parlamentario para abordar los múltiples problemas de la hora presente.

Con todo, y siendo todo ello muy lamentable hay que mencionar el otro grave problema que llevamos arrastrando desde hace varios lustros. Me refiero al desafío escandaloso al marco constitucional vigente que protagonizan algunas Autonomías en la hora actual. Conviene recordar que uno de los principales argumentos que entonces defendíamos para proponer la articulación del Estado Autonómico fue la conveniencia de acercar la Administración a los administrados para propiciar una mayor participación política de los ciudadanos y una mayor eficacia y rapidez en la resolución de los problemas cotidianos del momento. AutononiasJamás se pensó establecer el diseño autonómico para propiciar un posible atentado a la unidad de España pero, por desgracia, tal y como estamos comprobando día a día, tendremos que reconocer que es, precisamente, el modelo autonómico el que está quebrando el proyecto de España como Nación. No es necesario inventariar el volumen de desplantes y violaciones que determinadas Autonomías han venido protagonizando, taimadamente al principio y en estos últimos tiempos, de manera flagrante y grosera permitiéndose la realización de continuos jaques a la unidad nacional. No es necesario reiterar las nefastas consecuencias que este comportamiento entraña para el correcto funcionamiento de nuestro país que lastra no solo nuestro progreso económico sino el papel de España en el concierto internacional.

¿Por cuánto tiempo vamos a poder tolerar sin una debida respuesta el cúmulo de desacatos y desafíos que a diario lanzan algunos de los más altos representantes de dichas Autonomías, violentando el Estado de Derecho y nuestra legislación vigente? O se restablece de manera urgente y de forma terminante el principio de legalidad y el Estado de Derecho, ambos hoy zarandeados o la actual democracia que disfrutamos acabará desacreditándose ante el común de los ciudadanos que ven como algunos de sus dirigentes se permiten vulnerar la legalidad sin recibir la sanción que en justa medida merecen

En estas condiciones es imposible que España tenga el peso en el mundo que le corresponde y pueda cumplir un papel activo en Europa donde hemos acabado siendo desplazados de los lugares de preeminencia que en el pasado ocupamos y donde hoy apenas se nos consulta si no es para darnos órdenes y severas instrucciones.

Se hace, pues, necesario volver a formular un proyecto para España como Nación ya que el que entonces nos dimos en la etapa de la Transición ha quedado malbaratado.

Si persistimos en el actual estado de cosas el clima de crispación y enfrentamiento se acrecentará y volveremos a retroceder a donde nunca quisiéramos volver.

Es necesario pues reconducir un Estado Autonómico disfuncional, despilfarrador y amenazante para la unidad y debida cohesión de España. Y es imprescindible que nuestro Estado democrático, limpio de la corrupción acumulada en estos últimos tiempos, haga cumplir la ley y se asemeje a un verdadero Estado de Derecho todo lo cual facilitará que España recupere el prestigio internacional que gozó gracias al espíritu de la Transición.

Ignacio Camuñas Solís