IMG_0080La derecha española padece una profunda anomalía. Se exhibe, desde luego, en el lenguaje. Se habla de centro-derecha o de extrema derecha, pero no de derecha sin más. Eso no sucede con la izquierda. Se diría que la derecha es algo extraño y poco confesable que necesitara edulcorarse o extremarse con algún piadoso calificativo. También se manifiesta la anomalía en el hecho de que cuando vence, parece no convencer, como si su triunfo fuera debido a los vicios ajenos más que a las propias virtudes. Con frecuencia apenas no es capaz de exhibir algo más que la rotunda musculatura de su gestión económica.

En dos notables conferencias, dictadas en la Universidad de Berlín bajo los títulos de “La política como profesión” y “La ciencia como vocación”, acuñó el sociólogo Max Weber la expresión “ciencia social libre de valores”. IMG_0084Según él, el científico debe analizar y describir su objeto, pero nunca valorarlo. Naturalmente, esta tesis presupone que los valores no pueden ser objeto de conocimiento objetivo, cosa que, si no me equivoco, ha sido refutada por la filosofía fenomenológica de los valores. Se diría que la derecha española (o la mayoría de sus actuales dirigentes), se hubiera convertido, acaso inadvertidamente, en weberiana, pues parece sentir aversión a ocuparse de los valores. IMG_0082En realidad, ni siquiera sería weberiana, pues el sociólogo alemán sí encomendaba, entre otros, a los políticos, pero no a los científicos, la tarea de defender valores. Lo cierto es que ha renunciado a la defensa de algunos que no sólo se contenían en su ideario clásico, sino incluso en su programa electoral. Especialmente, los relativos a la defensa de la vida y de la familia, pero no sólo ellos.

Esta situación ha provocado alarma y decepción en buena parte de su electorado y de sus militantes que, no sin razón, han podido llegar a sentirse traicionados. No es extraño que hayan surgido algunos grupos políticos nuevos que intentan recoger el patrimonio político abandonado, y que aún hoy se plantee la necesidad de fundar un nuevo partido de derechas como alternativa al Partido Popular. La cuestión es compleja, sobre todo si se entiende que la política es algo más que mera técnica de conquistar el poder y conservarlo. No hay que olvidar, que la política pertenece al ámbito superficial de la vida de las sociedades y que, por ello, es más consecuencia que causa del estado intelectual y moral de las sociedades. Y también por ello las grandes crisis históricas no son nunca políticas. Tampoco la que hoy padece España, con Europa y el Occidente en general.


IMG_0083La política sin valores es la consecuencia del eclipse de los valores
, y, aún más, de la proliferación de los valores negativos o contravalores. Si la crisis es intelectual y moral, antes que política, su solución debe ser intelectual y moral, antes que política. Más que vieja y nueva política, hay buena y mala política (sobre todo, la segunda). En este sentido, la recuperación de los valores depende, sobre todo, del triunfo de los socráticos sobre los sofistas. En suma, del resultado de una querella filosófica y pedagógica. Si no recuerdo mal, fue Galileo quien afirmó que primero era preciso reformar los cerebros. Yo diría, por mi parte, las almas. Es esencial que cambie el PP. Si no lo hace, será difícilmente evitable la aparición de un nuevo partido. Pero me temo que el problema es más hondo y difícil, lo cual no es sinónimo de irresoluble. Necesitamos minorías ejemplares que ejerzan la autoridad espiritual y emprendan la ineludible tarea de reformar, intelectual y moralmente, la opinión pública.

Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA