Ciclo sobre El nuevo Frente Popular

III sesión “Sus antecedentes históricos y sus fundamentos”

Intervención de Jaime Mayor Oreja

25 de octubre 2018

Un “frente” como el que gobierna España no es un partido político. No estamos ante un gobierno de un partido político, ni tampoco ante una coalición de partidos en el Gobierno. La naturaleza de un frente es diferente y por ello también su evolución y sus riesgos para nuestra sociedad.

La razón de este ciclo es precisamente la preocupación de nuestras Fundaciones por el hecho de que, en general, no se comprende lo que tenemos delante. Nos quedamos a veces en las anécdotas y siempre en la superficie.

Para comenzar pocos se atreven a denominarlo por su nombre: un gobierno de frente popular populista nacionalista. Y ello significa un mal arranque. Si no somos capaces de denominarlo, definirlo, reconocerlo, por su nombre, no seremos capaces de diagnosticarlo, de comprenderlo, de hacerle frente y por último de presentar una alternativa al mismo.

El origen, el arranque de los frentes es fácil de diagnosticar, pero su resultado, su final, es casi siempre imposible de prever y de pronosticar. Nacen por la frustración, la revancha, que son los sentimientos que más se aproximan al odio, al rencor, en definitiva, siempre la causa de la fractura.

Porque los frentes son causa y efecto de la división y de la fractura en el seno de una sociedad. Por ello, los frentes surgen en el punto más débil de cada nación. Si Gran Bretaña tiene su punto más débil en sus dudas y vacilaciones en relación con el continente europeo, surge el Brexit, esto es, un frente de ruptura. Si Italia tiene su punto más débil en su falta de orden, surge un frente del desorden el en gobierno. Si Francia tiene su punto más débil en la sociedad que ha generado, siempre en el riesgo de la vanguardia, con 8,5 millones de islamistas, surge un frente nacional. España, que tiene su punto más débil en la nación, tiene un frente popular populista nacionalista que hoy nos mal gobierna.

Hecha esta afirmación, lo que es seguro y cierto, como la historia acredita, es que en los frentes ganan siempre los “extremos”. Pierden siempre los moderados que están dentro del frente, y todos los que están fuera del mismo, es decir, la mayoría social de los españoles.

Los frentes por su propia naturaleza fracturan, dividen, polarizan, extreman la sociedad en la que han sido capaces de emerger. Los frentes no tienen ni límites morales, ni legales, ni democráticos, y buscan siempre los recovecos para sortearlos y superarlos. Los frentes que son la expresión del apogeo de una crisis significan siempre valga la redundancia, el apogeo del desorden, de la inseguridad jurídica, de la sorpresa desordenada.

Pero para poder diagnosticar con precisión el momento que vive el frente, que me atrevo a decir que hoy es de avance y consolidación, con todas las dificultades y retorcimientos que ustedes quieran, y sobre todo para diagnosticar el futuro inmediato, hay que acercarse a los antecedentes históricos y dentro de estos, hay que separar los precedentes inmediatos y aquellos más lejanos que ya forman parte de la Historia. Empecemos por los más próximos e inmediatos.

El Frente Popular populista nacionalista tiene en el acuerdo marco de ETA-Rodríguez Zapatero su antecedente más próximo. Ambos pactaron un acuerdo marco, en el que ETA dejaba de matar y Rodríguez Zapatero, en contrapartida, abría un proceso en el que se comprometía con una transformación moral, cultural, territorial de España. Paz por proceso, paz por una España radicalmente diferente, paz por legalización y legitimación posterior de ETA, y paz por la destrucción de la transición y la Constitución de 1978.

Si el Frente popular populista nacionalista es esencialmente un proyecto de ruptura, de la transición democrática y de la España constitucional, la pregunta es cómo no iba a formar parte del mismo ETA, que nació para romper España, y que ha sido la vanguardia de la ruptura, el único referente en solitario de la misma durante más de 30 años.

Cuando Zapatero y Otegui se reúnen el 8 de septiembre de este año, hace poco más de un mes, en el Caserío Txillarre, de Elgoibar, se pone en evidencia la vigencia y la realidad del proceso que pusieron en marcha, hace más de una década, y que de momento ha culminado en el Frente Popular populista nacionalista.

No van de enviados de nadie, ni mucho menos van a negociar los presupuestos del 2018, que a ETA les da igual, y que por ellos ya estarían aprobados. Simplemente van a celebrar y a solemnizar la toma del poder del gobierno de España a través del proceso que ellos inician: Rodríguez Zapatero, por un lado, y por otro ETA con Josu Ternera y Otegui a la cabeza. ¿Cómo no van a celebrarlo, a recordarlo, a rememorarlo, a felicitarse por lo que han conseguido, sin que casi nadie a lo largo de estos años lo haya advertido?

Volvieron al lugar del crimen, al caserío en el que se fue gestando el proceso. Como tampoco fue una casualidad en este mes de septiembre, dos días después, Otegui visitara en la cárcel a Oriol Junqueras, el 10 de septiembre, porque aquel acuerdo histórico de Perpiñán del 2003 fue a su vez un precedente del acuerdo marco al que me he referido entre ETA y Rodríguez Zapatero. El hecho de que la petición del encuentro con Rodríguez Zapatero haya partido de ETA no es casualidad. Está vinculado al hecho que de la misma forma hoy el partido de Zapatero está en el Gobierno de España, ETA todavía no gobierna el País Vasco. ETA necesita el Frente Popular populista nacionalista para sustituir y reemplazar al Partido Nacionalista Vasco, desde su convicción de que el Nacionalismo siempre es un puente unidireccional que arranca en el nacionalismo tradicional y siempre culmina en la izquierda y en la extrema izquierda, como se está viendo en Cataluña.

Todo esto lo digo, casi lo desmenuzo hasta el detalle, porque una de las tragedias que hoy vivimos no es solo el hecho de que se produzcan estos encuentros, estas conmemoraciones, sino sobre todo es el silencio, la incapacidad de comprensión de lo que está pasando por quienes no somos nacionalistas ni de izquierdas. Una vez más la causa es la comodidad, porque es mucho más cómodo afirmar que hemos derrotado a ETA, es decir, una mentira o una media verdad, que atrevernos a decir que ETA es cofundador, coautor en origen, en definitiva, protagonista máximo de un proceso que ha desembocado en el gobierno que hoy tenemos. En consecuencia, la fuerza del frente popular más que la suma y la capacidad de sus elementos que lo componen radica en el silencio, la miopía, la incomprensión, la incapacidad del diagnóstico, la comodidad, la cobardía, de quienes compartimos unos principios.

El antecedente histórico de este nuevo frente popular se encuentra en el frente popular que se gesta en España entre 1934 y 1936, de infausto recuerdo para los españoles.

Ha transcurrido el tiempo suficiente para que las similitudes y las diferencias del nuevo Frente respecto del viejo Frente corresponda a los historiadores, como José Varela, que hoy nos acompaña, más que a mí. Pero invadiendo su terreno, no me resisto a la tentación, al menos a trasladarles unas breves consideraciones.

Es verdad, que poco o muy poco tiene que ver aquella sociedad con la actual, y por ello estoy convencido que el desenlace de aquel no va a ser idéntico a este.

Es verdad también que en la composición de aquel frente no estaban con la fuerza con la que hoy están los partidos nacionalistas, y esencialmente, un proyecto que no existía en aquellos años como el de ETA. Es verdad también que el contexto internacional es diferente al de hoy.

Pero no nos engañemos, si en aquellas fechas, aquella composición y suma era la peor de todas las posibles, la que hoy ostenta el gobierno de España es la más letal de todas las que pudiéramos haber escogido.

La naturaleza, la razón originaria del frente fue la misma que hoy:

La necesidad de la fuerza, la necesidad de reemplazar la fortaleza democrática por la fuerza, ya que la dinámica y evolución de los partidos políticos no era suficiente para que una izquierda democrática constitucional recuperara el poder, que había perdido en la mitad de la II República española y lo mismo hoy, después de 40 años de democracia en España. Para ello, hubo y ha habido necesidad de poner en marcha un Frente, por otro lado, suicida.

Recapitulemos para no perdernos: Los protagonistas en origen del frente que hoy nos gobierna son: Rodríguez Zapatero y ETA. Eta por razones obvias, por su propia naturaleza, por su proyecto de ruptura de España, y Rodríguez Zapatero para aislar al Partido Popular con la finalidad de tratar de evitar la vuelta al Gobierno del mismo.

Los protagonistas del Frente con que nos encontramos hoy, además de Sánchez como continuador de Zapatero y ETA, son Esquerra Republicana de Cataluña y el nacionalismo catalán como las actuales vanguardias del movimiento nacionalista, y líderes del “procés”, que es, de un golpe de Estado.

Podemos es el otro gran protagonista del Frente de hoy, como primera consecuencia del “vista a la izquierda”, utilizando un símil militar, que se produjo en España como consecuencia lógica del proceso descrito y que hoy aparece como “perejil en todas las salsas”, hecho habitual cuando uno no forma parte del equipo de fundadores.

El Partido Nacionalista Vasco, otro integrante del mismo, siempre que se ha producido un frente en España, de un modo u otro ha estado en él, porque representa la fractura de España a cámara lenta, porque no tiene opción, aunque sea el partido que más en peligro está dentro del frente por la potencia del proyecto de ETA.

En el día de hoy en mi opinión, el frente no está retrocediendo, está avanzando como era lógico. Los encuentros, sin disimulo, de todos los elementos que lo integran, en la cárcel y fuera de la misma, algunos gestos inequívocos propios de los Frentes, que nunca son acciones propias de gobierno, sino elementos de fractura y polarización, son demostraciones de su avance. Por citar el último gesto, el anuncio de la reforma del Código Penal para despenalizar las ofensas al Rey, a España y a los símbolos nacionales, hechos que confirman este avance.

El avance va a ser retorcido, lleno de dificultades, pero al mismo tiempo, implacable. Y el desorden va a acrecentarse. La reivindicación de los presos de ETA así como de los que dieron el golpe de Estado en Cataluña estará entre las prioridades del Frente. La autodeterminación, la legalización de los referéndums subsiguientes, un modelo similar al que Quebec, un proceso pseudo constituyente, que empezaría con la reforma del Estatuto de Cataluña, seguirán siendo por otro lado, los únicos y grandes objetivos de todas las opciones nacionalistas que forman parte de este Frente.

La autodeterminación o algo similar es y será su objetivo irrenunciable: el debate está abierto, el camino será tortuoso, y el resultado confuso.

La ofensiva cultural está a la vista. Su objetivo fundamental será la sustitución del orden moral y social emanado de una tradición cristiana esencial en la historia de España, y veremos una confrontación abierta con la Iglesia Católica, una orientación hacia el relativismo moral, la eutanasia y una invasión de la ideología de género en el ámbito educativo.

Para algunos de nosotros, lo más relevante, lo más difícil, es la alternativa al Frente, tanto en términos políticos como culturales. Lo digo porque la irrupción de este frente popular ha puesto de manifiesto la incomparecencia cultural de la derecha política y social, un cierto desprecio por el valor de las ideas, de los valores morales y del diagnóstico de quienes integran nuestro espacio social y político, y que por ello se han visto sorprendidos por un mero ardid, pretexto envuelto en una moción de censura, cuando simplemente es la consecuencia de la lógica de un proceso. Más vale tarde que nunca, pero tenemos que ser capaces de diagnosticar y reencontrarnos con la verdad del proceso, que no hemos querido aceptar. No necesitamos un relato, necesitamos decir la verdad por desagradable que esta sea.

Lo reitero, si no entendemos la naturaleza del proceso que hemos vivido durante más de una década, no entenderemos la naturaleza del Frente Popular. El Frente Popular del 36 originó un “Frente contra revolucionario” que afrontó aquellas elecciones de febrero de aquel año en las que se han puesto de manifiesto las trampas que se hicieron, muy bien reflejadas en el libro de Álvarez Tardío y Villa. Hoy, el trabajo y esfuerzo solo, exclusivamente solo está en la consolidación abierta, sin miedos, sin complejos de una alternativa al frente.

Esta tarea es inaplazable y urgente, porque la reválida del frente va a ser las elecciones municipales y autonómicas del próximo año. El frente Popular populista nacionalista arrancó en las elecciones municipales del 2014. El siguiente paso ha sido el gobierno de España. Ahora, se acerca su reválida, y una vez más en la historia de España, unas elecciones municipales adquieren una singular trascendencia, ya que, si se consolidase el Frente en términos de poder local y municipal, el riesgo de permanencia se multiplicaría.

Termino. Como muy bien recuerda José Varela Ortega en su libro “Los señores del Poder”, Luis Araquistáin, un dirigente radical de la izquierda española, responsable de la bolchevización del partido socialista de aquellos años, señaló en 1955, tras nuestra tragedia nacional que “la futura democracia española debe evitar los errores de la II República”. Lamentablemente, visto lo visto, seguimos confirmando que el hombre es el único ser vivo que tropieza dos veces en la misma piedra.

Jaime Mayor Oreja

Presidente

Fundación Valores y Sociedad