Los episodios que estamos viviendo durante estas semanas suponen una verdadera amenaza a la convivencia pacífica entre españoles, al desarrollo económico, a nuestra imagen internacional, a los mercados, a las inversiones, etc.

Han sido varios años de “calentamiento” que al final se ha desbordado. Se ha dicho que Cataluña ha sido locomotora para construir país, empujar la economía y alcanzar cotas de modernidad insospechadas. Ahora, esa locomotora ha perdido el rumbo.

Con una clase política ensimismada, sin Proyecto, sin ideas y que ha generado una situación artificial para crear un Estado Independiente saltándose sus propias leyes, el Estatuto de Autonomía  y la Constitución.  No ha sido obstáculo para seguir adelante, las sentencias del Tribunal Constitucional, las llamadas al sentido común, las negociaciones y la posición de muchos catalanes, entre ellos empresarios pero también intelectuales, artistas, periodistas, políticos y todas las instituciones del ámbito internacional que de una u otra forma han participado.

La pregunta que nos hacemos millones de ciudadanos es, ¿por qué? ¿Por qué se ha llegado a esta situación? ¿Acaso Cataluña no goza de los mejores estándares de vida que puedan darse en Occidente, acaso no tiene un reconocimiento del resto de España, de la Comunidad Internacional, de los turistas, del mundo de la cultura, de la Ciencia, de la Universidad y de la Empresa? ¿Qué hay de trasfondo en toda esta situación? Es muy complejo responder a la misma. Incomprensiones, desafectos, manipulación de unos pocos para aprovecharse, confusión entre ideales y realidades… Una amalgama de aspectos  intangibles que pueden utilizarse en una u otra dirección.

Durante mis veinticinco años de actividad política, he pensado que todos los asuntos son discutibles. Que existen posiciones  aparentemente irreconciliables que pueden llegar a verdaderos acuerdos. Que el dialogo sincero y abierto derriba muchas barricadas. Que la relación entre políticos de Cataluña y el resto de España, no solo es posible sino totalmente necesaria. En estos veinticinco años he tenido oportunidad de participar en muchas mesas de negociación con catalanes. No recuerdo ni una sola vez que no llegáramos a un acuerdo.  Me atrevería a decir que negociación y dialogo era la marca de la casa. En cuanto cerrabas uno este llegaba hasta su fin.

Desde mi punto de vista, durante los últimos años, esto no ha sido así. El Gobierno catalán se ha cerrado sobre sí mismo. Han hipotecado la acción de sus parlamentarios en Madrid, donde existían posiciones más racionales. Con la actuación de Rodríguez Zapatero sobre el Estatut, comenzó una deriva que ha llegado hasta nuestros días. El Estatut ha sido la excusa para exacerbar los ánimos. Me llama poderosamente la atención, a no ser por la habilidad de la izquierda española, que se cargan las tintas sobre lo que hizo o dejó de hacer el PP. Todo el proceso de Reforma del Estatuto recayó durante la época de Zapatero, hasta la sentencia del propio  Tribunal Constitucional que fue en año 2010. Aquel irresponsable “Pascual, apoyaré la Reforma del Estatut que apruebe el Parlamento catalán” del que muy pronto se arrepintió el ex Presidente, fue la mecha que encendió la actual situación. Considero, y puedo estar equivocado, que el hecho que fuera un Partido de ámbito nacional quien promoviera esa “gran” reforma supuso una humillación para Convergencia Democrática de Cataluña que llevaba en su ADN la ansiada Reforma. El Puyolismo catalán, encabezado por su nuevo líder Artur Mas, no podía dejar una victoria de ese calado en manos de los partidos de ámbito nacional.

Tanto PSOE como PP no se dieron cuenta del tsunami que se generaba. Hoy, tras el esperpento del Pleno en el Parlament, no queda más que apelar al sentido común de la gran mayoría de los catalanes que desean vivir en paz, con el reconocimiento de sus virtudes y singularidades, sin miedo al futuro. Un futuro que considero debe ser dentro de España. Liderando Proyecto y compartiendo destino volviendo a ser locomotora. Seguro que muchos podemos contribuir a restañar heridas, consolidar afectos y sobre todo a estimular el conocimiento mutuo de nuestras singularidades regionales, políticas e históricas desde la objetividad. Esa es la tarea.

Ángel Pintado Barbanoj

Fue diputado al Congreso y Senador 1996-2015