El pensador. Escultura realizada por Auguste RodinSe define la inteligencia como la “capacidad creadora para entender o comprender” y como la “capacidad para resolver problemas”. Es un hecho que la inteligencia también está ligada a otras funciones mentales como la percepción o capacidad de recibir información y la capacidad de cabida de almacenarla o memoria.

Estamos inmersos en la actualidad, en la volatilización progresiva del prestigio intelectual. La autoridad mental erudita es uno de los recursos más importantes con los que contamos para poder vivir con dignidad.

Es rigurosamente cierto que la sociedad española necesita intelectuales que nos proporcionen la posibilidad de incorporar a la colectividad conceptos abstractos de autoridad erudita. Mediante un esfuerzo enérgico hay que restablecer una intelectualidad, y después de una revisión a fondo, observar las causas que se han producido para llegar a su actual evaporización.

Pero puede ser de una gravedad extrema para nuestra sociedad que las personas no esperen esas palabras capaces de integrar la cultura en nuestra vida, debido a la espera en vano de ellas durante mucho tiempo, y es por ello por lo que se ha cesado de echar de menos a las palabras.

Habitamos en un mundo en el momento actual en el que las noticias son las protagonistas en todos los órdenes de la vida. La economía verbal para conseguir la expresión exacta no debe figurar en ningún caso en los estudiosos del lenguaje hablado y escrito y ha de conseguirse en la composición del discurso narrativo con expresiones que definan la realidad para ser captadas por los sentidos con una meticulosidad tan certera como inquietante.

Los intelectuales utilizan los recursos del lenguaje en primer lugar. Poseen el poder de la palabra. La belleza de las palabras permiten conocer el mundo desde lo simbólico, las palabras constituyen ese maravilloso universo de la palabra.

Con las palabras y con nuestras conductas hemos de tratar de presentar los valores intelectuales y morales en la sociedad constituida por personas que carecen de ellos y en los lugares  que estén dominados por los valores negativos.

VALORES INTELECTUALES: Verdad ante la Falsedad. Conocimiento ante el error.

VALORES MORALES: Justicia ante la injusticia. Libertad ante la esclavitud. Igualdad ante la desigualdad. Honestidad ante la deshonestidad. Solidaridad  ante la insolidaridad.

El prestigio intelectual ha de resurgir, y solo puede restablecerse desde los problemas, que es lo que en este momento tenemos, y no desde la ficción. Las personas han de volver a confiar en la inteligencia, que siempre ha sido la fuerza milenaria.

En las mayores o menores dificultades hay que dar razón de las cosas, aplicarse a la faena de trabajar, y tener como misión propia buscar la verdad.

En la resistencia contra los obstáculos y adversidades, se ha de emplear a fondo el ingenio, herramienta que es dada al  hombre para sacar de raíz su secreto: la fuerza de la razón.

Conchita García-Polledo